18 de junho de 2010

Situación peligrosa en Haití

SITUACIÓN CONFLICTIVA


"Mujer secuestrada, mujer violada"


La amenaza del secuestro planea sobre la comunidad internacional que trabaja en Haití
En mayo se registraron 35 casos, la mayor parte de haitianos que tienen familia trabajando para la ONU o las ONGs


MONTSE MARTÍNEZ (PUERTO PRÍNCIPE)

El Mundial de fútbol también enloquece en Haití. Hasta límites insospechados. Resulta una odisea conseguir un conductor, pese a que cobrará una golosa cantidad en dólares, porque está jugando Argentina. El país anda más paralizado, si cabe, estos días, sobre todo cuando juega la albiceleste o Brasil, selecciones que los haitianos han hecho propias ante la ausencia de representación nacional. "Hasta los delincuentes han bajado el ritmo", asegura un miembro de las fuerzas de seguridad españolas destinado en Puerto Príncipe como integrante del contingente español formado por 40 agentes (20 polías nacionales y 20 guardias civiles). Puede sonar a broma pero este agente, que pide anonimato, asegura que no lo es: "Está todo más tranquilo por el mundial". De la misma manera, el agente dibuja un panorama desalentador en lo que a seguridad se refiere para el momento en que el opio del fútbol deje de hacer efecto.

Una niña camina ante una pintada alusiva al mundial de fútbol en Petion Ville (Haiti).
ANDRÉS MARTINEZ CASARES EFE


Haití se recupera, la delicuencia también
Si Haití, poco a poco, recupera el pulso para volver a ser el que era, la delincuencia no queda al margen. "Es un polvorín a punto de estallar", afirma el agente para, a renglón seguido, añadir que las bandas criminales se están reorganizando mientras el creciente descontento social se canaliza en forma de manifestaciones de estudiantes cada vez más frecuentes y violentas. De los 4.000 reclusos que es escaparon de la cárcel tras el terremoto, solo 700 han sido capturados. Los otros campan a sus anchas, reorganizándose, peleando entre ellos por el liderazgo y atemorizando a los miles de ciudadanos sin techo que viven en plazas, calles y jardines. Lo menos que les puede pasar es que les roben las tiendas de plástico donde se cobijan, los modestos enseres donde cocinan y duermen o los cupones de racionamiento. Lo máximo, que violen y maten. Estos delincuentes se concentran en el campo de desplazados de Jean Marie Vincent, ubicado cerca del antiguo aeropuerto de Puerto Príncipe, considerado el más poblado, con 50.000 personas y el más peligroso. La policía haitiana no pone un pie allí. Las fuerzas internacionales, a veces, en operativos conjuntos preparados al milímetro. El secuestro express vuelve a estar a la orden del día, como ya sucediera antes de que el terremoto del 12 de enero lo desbaratara todo. Con la salvedad de que ahora se cuentan por miles los integrantes de la comunidad internacional, pertenecientes a la ONU y las oenegés, que se mueven por Puerto Príncipe convirtiéndose en preciado objetivo de las bandas.


35 secuestros durante el mes de mayo
Son objetivo también los hijos y familiares de los haitianos empleados por organismos y organizaciones internacionales. El agente de seguridad español confirmó 35 secuestros durante el mes de mayo, la mayor parte de ellos de familiares de haitianos que trabajan para entidades internacionales. Las cantidades que pueden pagarse, según esta fuente, son diversas, "desde los 1.000 dólares hasta los 6.000 y 10.000". Generalmente, el secuestro termina de forma satisfactoria en el momento del pago. Sin embargo, los delincuentes se ceban con sus víctimas mientras dura el cautiverio. "Mujer secuestrada, mujer violada", resume, categóricamente, el agente español. Los hombres son maltratados con diferentes técnicas, entre ellas, las de quemarles con cigarrillos. En este contexto, las oenegés que operan en el país han extremado al máximo las medidas de seguridad después de varios conatos de secuestro de integrantes de pequeñas organizaciones.


Tráfico de armas y agresiones sexuales
Si el secuestro ocupa la cabeza de lista de preocupaciones de las fuerzas de seguridad internacionales en Haití, el tráfico de armas y las agresiones sexuales van a la zaga. El escenario de un millón y medio de personas viviendo en la calle en campamentos espontáneos, sin luz eléctrica en su mayoría, convierte a las mujeres y niñas en víctimas de constantes violaciones. La arraigada presencia de la práctica del vudú, explica el agente español, empeora la situación de los niños, víctimas de agresiones. "Según las creencias del vudú, con la violación de un niño se traspasa su energía al adulto", dice el agente que confirma la reciente agresión sexual de una niña de dos años en un campamento. El tráfico de droga es, en medio de este panorama, lo menos grave, dentro de la indiscutible preocupación que genera en las fuerzas de seguridad. Haití acoge hasta 22 pistas ilegales de aterrizaje de avionetas que portan droga, generalmente, a un último destino que suele ser Miami.