26 de junho de 2012

Carta del portavoz de los 300 despedidos del ECyL




JUAN DANIEL RODRÍGUEZ PORTAVOZ DE LOS 300 DESPEDIDOS DEL ECYL EN
CASTILLA Y LEÓN 21/06/2012


Hasta hace una semana he estado atendiendo a parados en una oficina de
empleo de una zona minera de la provincia de León. Durante casi nueve
años he intentado ayudar a los desempleados, dándoles consejos de
dónde acudir a buscar trabajo, gestionando las pocas ofertas que han
entrado en la oficina, saliendo a visitar a las empresas para
animarles a que intermediaran con el Servicio Público de Empleo
Autonómico —Ecyl— un servicio público gratuito y de calidad… Pero
sobre todo lo que más he hecho es escuchar. Siempre he tenido claro
que quien entraba por la puerta de oficina de empleo traía un
problema, y gordo. Personas con hijos, hipotecas y multitud de gastos
que de pronto se veían en la miseria del paro. He informado y ayudado
a tramitar las prestaciones contributivas a quienes tenían derecho a
ellas; les he informado de los distintos subsidios posibles para los
colectivos que no alcanzaban el nivel contributivo y he orientado a
otros muchos para que soliciten ayudas como el PIE, el Prodi o el Prepara
como últimas posibilidades. Pero he escuchado verdaderos dramas de
personas paradas que no cobraban nada y que requerían simplemente algo de
atención. Cuando entré a trabajar en el Ecyl, cuando la Junta me
contrató por obra o servicio en noviembre del 2003, realicé varios
cursos de formación para aprender a atender al público. Así supe lo
que era la asertividad, el ponerse del otro lado, del que llega con el
problema. Creo que en estos casi nueve años he logrado contactar con
la gente, a muchos les he convencido de que una buena opción durante
la etapa de parado era formarse, reciclarse, realizar cursos para
aprender o perfeccionarse. A otros cuantos simplemente les he
infundido la esperanza de no desfallecer, de dedicar 8 horas de
‘trabajo’ cada día a buscar trabajo, visitando empresas o perdiendo el
miedo a Internet y entrando en los portales de empleo. No recuerdo a
nadie que se fuera dando un portazo de la oficina a pesar de que cuando
entraron les temblaran las manos de miedo.

Pero hace una semana me llamaron de la Gerencia del Ecyl en León para
darme la carta de despido, aunque ellos se empeñen en que es un fin de
contrato, contrato que vencía según la copia que guardo y que acabo de
dar a mi abogado el 15 de diciembre de 2004, es decir, que era
sobradamente indefinido. Cuestiones legales aparte, lo llamativo es
que sea ahora cuando los políticos que dirigen el Ecyl hayan decidido
que se ha acabado mi obra o mi servicio, ahora que hay el doble de
parados que cuando me contrataron en el 2003. Y para despejar dudas he
de decir que antes de contratarme, la Junta sacó una convocatoria de
examen al que nos presentamos 2.500 personas y que realizamos en la
Facultad de Económicas de Valladolid. Debíamos ser al menos diplomados
universitarios y tuvimos que aportar méritos y experiencia con vida
laboral. De esos 2.500 fuimos 100 los que nos hicimos con los primeros
puestos y que nos encomendaron la misión de echar a andar y
 modernizar el Servicio Público de Empleo que nació el 1 de enero del
2004 en las 54 oficinas de empleo de Castilla y León. Por eso mi
colectivo se quedó con el nombre de modernos. Además de atender a los
demandantes de empleo en los mostradores, inscribirles o renovarles la
demanda, he hecho de todo: he gestionado ofertas, talleres de empleo,
escuelas-taller, he realizado selección de personal, he realizado
acciones de orientación profesional, he registrado contratos, he
autorizado a empresas a que registren contratos por Internet, he
expedido miles de certificados, he visitado a más de 120 empresas para
explicarles las excelencias del Ecyl, he realizado informes para que
pudieran cobrar víctimas de violencia de género, he dado charlas en
los institutos a los alumnos que acababan la ESO, he buscado a los
ayuntamientos y juntas vecinales de la comarca los trabajadores para
la campaña de verano, he organizado unos listados de demandantes a los
 que enviaba puntualmente información a través del correo electrónico,
he enviado mensajes a móviles a los parados para citarles en la
oficina para alguna oferta o curso de formación y hasta he hecho de
jefe de oficina durante un año que estuvo mi jefa de baja por
enfermedad, una responsabilidad por la que no tuve ninguna
gratificación, ni económica ni verbal.

Y ahora me dicen que mi trabajo ha acabado, que ya no hay dinero para
pagar mi nómina, que esto es consecuencia de los recortes. Claro que
no se dice el dinero que hay presupuestado para que empiecen a operar
las Agencias Privadas de Colocación y las Empresas de Trabajo
Temporal. Alguna ya se ha atrevido a anunciar que en breve operará en
Castilla y León cuando su autorización aún está encima de la mesa del
consejero de Economía y Empleo, Tomás Villanueva, pendiente de la
firma. Pero antes de repartir el pastel de este dinero público hay que
enterrar al Ecyl, desmantelar las oficinas de empleo por inoperativas
que quedan al 50% de la plantilla. Ahora que ya no estamos los
contratados laborales y no se puedan prestar lógicamente todos los
servicios que veníamos haciendo (hasta el portal de empleo lo llevaban
modernos desde Valladolid) y comiencen las colas de verdad para ser
atendidos, a los políticos que nos han despedido habrá que darles
 las gracias por permitir que la iniciativa privada pueda estar
operativa para suplir las deficiencias del Ecyl, esas empresas con
ánimo de lucro que nos costarán a todos más dinero del que pagamos de
nuestros cada vez más altos impuestos y cuyos consejos de
administración tendrán un único objetivo: hacer negocio del paro.

Quienes se acercaban a mi mesa los últimos días de trabajo me
preguntan si era verdad que me iba a la calle, les respondía que sí y
se marchaban contrariados; mi hijo pequeño de 11 años me preguntó por
qué me despedían y se me ocurrió responderle que porque estaba
haciendo muy bien mi trabajo; pero a quien más trabajo me ha costado
comunicarle esta situación es a mi padre, viudo de 80 años. Creo que
no ha entendido por qué unos señores a los que él ha votado, como
otros muchos ciudadanos de Castilla y León, me han despedido aduciendo
a los recortes. Esos políticos nunca sabrán lo que es abrir la puerta
de una oficina de empleo, ni tampoco sus hijos, que casualmente tienen
todos un buen trabajo y bien remunerado. Para esos señores, con coche
oficial, somos pura estadística, unos parados más víctimas de una
crisis global, mientras sus sueldos de escándalo no sufren recortes.

Yo pasaré uno de estos días por mi oficina de empleo a
 inscribirme como demandante, solicitar la prestación, y esperar a que
alguien quiera escuchar mi problema, el problema que comparto ya con
tanta gente de este país. Los lunes estaré al sol y el resto de la
semana empezaré a visitar empresas y a colgar currículum en los
portales de empleo, pero que no me esperen en las ETT, conmigo no
harán negocio.