24 de junho de 2013

Esther Vivas: Indignarse, patrimonio de la humanidad. Ahora, Brasil.



Inesperada, intempestiva, no anunciada así se presenta la indignación. Lo hemos visto en Túnez, Egipto, Islandia, Estado español, más recientemente en Turquía y ahora en Brasil. La estela indignada llega, de este modo, en dos países geopolíticamente claves. Si hace unas semanas la Primavera Turca sorprendía a propios y a extraños, hoy se repite la historia con el estallido social brasileño.

El ciclo de protesta inaugurado con las revueltas en el mundo árabe sigue abierto. Y a pesar de que todos estos procesos de cambio, de emergencia del malestar de los de abajo, comparten elementos en común, no son ni copia ni calco. Cada un de ellos responde a sus propias particularidades, contextos, experiencias... y así escribirán su historia. Sin embargo, es innegable una dinámica de contaminación mutua, y más en un mundo globalizado, fuertemente conectado y con el papel clave, y potenciador, de las redes sociales y los medios de comunicación.

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