22 de outubro de 2013

Donuts, ¿empieza el día con una sonrisa?


Esther Vivas
 
“Empieza el día con una sonrisa”, nos decían hasta hace muy poco los anuncios de Donuts. Pero en las fábricas de Panrico ya no se reparten sonrisas. De un tiempo para acá, la vida de la plantilla se ha convertido en una ruleta rusa. Ahora en manos de unos, después en manos de otros. La usura, que no conoce límites, ha sido la sentencia de muerte de la compañía y los derechos de sus trabajadores, como nos repiten, el “sacrificio necesario”.
 
Lo que era una empresa familiar líder en la producción de bollería industrial se convirtió en un negocio en bancarrota. Panrico fue fundada en 1962 por el empresario Andreu Costafreda y los Donuts se alzaron muy pronto como su producto estrella, seguidos, a posteriori, por los tan recordados Bollycao. A finales de los 70, la empresa consolidaba su expansión en el Estado español, a mediados de los 80 abría fabrica en Portugal y en los 90 en Pekín. Su crecimiento parecía no tener límites. A la muerte de su fundador, en 1998, se escribía en los periódicos: “Panrico Donuts se ha convertido en una de las empresas de alimentación más importantes de España con una facturación del orden de 70.000 millones de pesetas, 22 plantas productivas y una plantilla de 7.000 trabajadores”. ¡Qué tiempos aquellos!
 
Las entidades financieras no dejaron pasar la oportunidad. Y, en 2001, La Caixa y el Banco de Sabadell entraron a formar parte su accionariado, adquiriendo un 30 y un 5% respectivamente. Los préstamos para que la compañía pudiera seguir creciendo estaban, así, garantizados. Panrico, en poco tiempo, entraba en el mercado de los productos congelados, de pan y bollería. Cubría, de este modo, nuevos mercados.

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