21 de dezembro de 2013

Adiós electricidad, luz y calefacción



Esther Vivas | Público.es

Nuestra pobreza es invisible. Si en estas fechas no se encendiera el alumbrado navideño porque la administración no pudiese pagar la tarifa de la electricidad, veríamos la noticia en las portadas de los periódicos, en la apertura de los informativos en televisión. Todos pondríamos el grito en el cielo. Si, en cambio, en mi casa no puedo encender la luz, poner el radiador o la lavadora parece ser que esto no importa. Aunque tal situación afecte ya a un 10% de los hogares del Estado, unos cuatro millones de personas. Lo que no se ve, no cuenta.

La pobreza, hoy por hoy, ya no solo implica no tener trabajo, no llegar a fin de mes, no poder pagar la hipoteca o el alquiler sino, también, no poder prender la luz, tomar una ducha o encender la calefacción. Es lo que se llama pobreza energética. Y según la Asociación de Ciencias Ambientales, sus consecuencias son: más problemas de salud, peor calidad de vida y muertes. “Se estima que la pobreza energética es responsable en España de entre 2.300 y 9.300 muertes prematuras”, afirma la asociación. Defunciones que, todo indica, no cuentan.

Y no cuentan porque ante una situación de emergencia social, como la descrita, vemos que el precio de la electricidad no hace sino aumentar. Así se ha anunciado este jueves: el recibo de la luz subirá en enero un 11,5%. El Gobierno, una vez más, agacha la cabeza ante las empresas eléctricas, anteponiendo los intereses económicos de estas a las necesidades básicas de las personas como no pasar frío en invierno, cocinar o encender la luz. La usura del capital no sabe de principios ni tiene moral.

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