15 de abril de 2015

Mi parto es mío



Esther Vivas | Público



Antes de quedarme embarazada, nunca me había planteado cómo quería que fuese mi parto. A menudo, como mujeres, pensamos en si queremos o no tener hijos, qué implicaciones tendrá, de qué modo haremos compatible la maternidad con la vida personal y profesional. Como feministas reivindicamos el imprescindible derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, al aborto, a la conciliación, a repartir el trabajo de cuidados, a la igualdad. Sin embargo, creo, hay un derecho que se nos pasa por alto exigir: el de cómo queremos parir.

Parece que el parto es un mero trámite. Antes y después del mismo, levantamos la voz para reivindicar nuestros derechos, pero los ignoramos a menudo a la hora de dar a luz. No obstante, el parto no solo es un inevitable sino un momento crucial en nuestras vidas y la de aquellos que van a nacer. De aquí que una vez supe que iba a tener un hijo y me planté qué parto quería, no dejara de sorprenderme no solo cómo de olvidado teníamos dicho acontecimiento sino la poca importancia que le dábamos, tanto en lo personal como en lo colectivo.

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