10 de dezembro de 2015

Ni rosa ni azul




Esther Vivas

Y si vistiésemos a las niñas de azul y a los niños de rosa, ¿qué pasaría? ¿Por qué nos obcecamos en resaltar el sexo de nuestros bebés? ¿Es niña o niño? ¿Tan importante es? A los pequeños, por ahora, parece que no les importa. La “obsesión” de la sociedad por identificarnos y asociar a cada uno de los sexos unos patrones determinados de conducta, nos marca desde el minuto 0 de nuestra vida. De hecho, la pregunta más repetida a una embarazada es: ¿Esperas a un niño o a una niña? Y en función de su sexo puede que le regalen un tipo de ropita u otra y complementos de unos colores u otros. También, muy probablemente, las expectativas asociadas a ese nuevo bebé serán distintas.

Normativizadas desde el útero materno

La sociedad heteropatriarcal, nos otorga una serie de roles y funciones dependiendo de nuestros genitales. Nos normativizan ya desde muy pequeños, yo diría incluso desde el útero materno, construyendo un ideal de masculinidad y feminidad, con una clara diferencia y desigualdad entre sexos. A los hombres se les otorga un rol masculino, a las mujeres un rol femenino, con toda la carga social y cultural que ambos conllevan. No hay libertad para poder sentir, explorar, escoger y decidir. Estamos condicionados socialmente, y a menudo de la manera más sutil. La norma es la norma también en lo que al género se refiere. Pensamos algunas, ilusas de nosotras, que seremos capaces de combatirlo. No es tan fácil.

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