21 de dezembro de 2016

COOPERACIÓN SOLIDARIA ANTE EL COLAPSO GLOBAL (Área de Cooperación - Universidad de Valladolid)




El concepto de desarrollo también engloba el cuidado de los recursos naturales y el derecho a la propiedad de los mismos. Esta afirmación cobra especial importancia si tenemos en cuenta que la mayoría de las guerras y conflictos del siglo XXI están en parte provocados por el control y la explotación de los recursos naturales. La tierra es fuente de alimentación y riqueza para los pueblos que la habitan, además de expresión de la historia, identidad y cultura de los mismos. Pero también puede ser origen de desigualdad si tenemos en cuenta la situación de acceso a la misma en muchos países.
La escasez de recursos básicos como el agua, los bosques o las tierras de cultivo provocan la competencia por los mismos y en ocasiones dan como resultado la migración o el desplazamiento, aunque también esta disputa está provocada por la mala gestión, la corrupción y el reparto desigual. Si atendemos al caso de las pequeñas fincas, estas cada vez pierden más tierras en favor de los grandes propietarios a nivel mundial. En el caso de Europa han desaparecido en el territorio de la Unión Europea más de 6 millones de fincas entre 2003 y 2010, afectando especialmente a la zona Este. En América Latina es significativa la pérdida de la mitad de las tierras de los campesinos desde los años 80 en Colombia, mientras que los países del Cono Sur en las últimas dos décadas han perdido en torno a un 20% (1). ¿Qué es lo que está detrás de estas pérdidas? Varias fuentes señalan como uno de los factores la extensión de los monocultivos industriales, como los de soja, con gran presencia en América Latina, que han arrinconado a los pequeños agricultores. Un modelo que no solo es criticado por el injusto reparto de la tierra, sino por la falta de rotación de cultivos que destruye las tierras (2). De esta manera, se favorece la producción a gran escala destinada al consumo masivo que no respeta los ritmos que la tierra necesita y que deja a grandes poblaciones sin su principal medio de sustento. En las últimas décadas, ha habido una concentración de capitales en el sector agroalimentario liderado por las multinacionales que controlan todo el proceso: desde las materias primeras agrícolas necesarias hasta la distribución y venta, pasando por los fertilizantes, fitosanitarios y farmacéuticos. Como consecuencia, hablamos de un éxodo rural y un crecimiento de las concentraciones urbanas y desaparición masiva de población campesina.
La desigualdad en el acceso a la tierra además tiene un marcado componente de género, a pesar de que las mujeres son mayoría dentro de la mano de obra campesina. En países de Occidente como Estados Unidos, Inglaterra o los Países Nórdicos, entre un 10 y un 15% de mujeres son titulares de la tierra según estadísticas de la FAO (3). Mientras que en algunos países de África y Asia están por debajo del 10%.
Los factores culturales y económicos siguen estando muy presentes a la hora de configurar la brecha de género en la propiedad de la tierra. Esta está relacionada con: la preferencia masculina en la herencia, privilegios que continúan teniendo los hombres en las relaciones de pareja (como tomar decisiones en nombre de las mujeres), los programas estatales de redistribución y los sesgos de género marcados en el mercado de las tierras (4). Las mujeres tradicionalmente han desarrollado un trabajo productivo que ha sido sistemáticamente desvalorizado como la producción de autoconsumo, el cuidado de las semillas o la cría de animales entre otros.
A pesar de la desigualdad, son muchas y muchos quienes continúan peleando por su tierra frente a la represión que pretende acallar sus voces. Por ejemplo, en Ecuador los shuar están en plena lucha contra el Gobierno y la minería. Se trata del único pueblo que resistió a la colonización española, pero que vuelve a enfrentarse a un nuevo intento de despojo de sus tierras debido a la existencia de recursos minerales en ellas. Allí, la empresa china Ecuacorriente está implementado el primer proyecto de minería a cielo abierto de gran escala del país y en la actualidad se encuentra en la fase de construcción de la mina, fruto del éxito de estrategias violentas contra las personas que viven en la zona, tal y como denuncia el colectivo Geografía Crítica. El pasado noviembre, el pueblo shuar llamó la atención de la sociedad ecuatoriana tomando el campamento minero de Ecuacorriente en Panantza; un hecho que el Estado respondió con un aumento de la militarización en la zona (5). Acción Ecológica, una organización ecuatoriana en defensa de la naturaleza, ha apoyado la lucha del pueblo shuar y está sufriendo las consecuencias de hacerlo. Ha recibido una solicitud de procedimiento administrativo que pide el cierre de su organización puesta en marcha por el Vice-Ministro de Seguridad Interna. El motivo argumentado es la desviación de los fines y objetivos de su organización por difundir "los graves impactos ambientales y al ecosistema que resultarían de la actividad extractivista" en la Cordillera del Cóndor y por alertar sobre la violación de los derechos humanos de las comunidades que viven en esa zona, un principio que, según Acción Ecológica, está recogido en el punto 2 de su Estatuto. Además, se acusa al colectivo de no cumplir el ordenamiento jurídico nacional, un hecho que desmiente la organización. No es la primera vez que se enfrenta a esta disputa, ya que en 2009 fue clausurada por el mismo motivo, aunque el procedimiento fue resuelto a su favor (6).
La necesidad de las grandes corporaciones extractivas, industriales y financieras de "disciplinar" a gobiernos, comunidades locales y movimientos sociales para no encontrar oposición a su expansión internacional comenzó en el siglo pasado. El ejemplo más conocido es el de la "masacre de las bananeras" en 1928 en Colombia por parte de United Fruit Company, hoy Chiquita Brands y que, desde entonces, ha sido denunciada por acaparamiento de tierras, condiciones esclavistas de trabajo y prácticas sistemáticas de soborno y corrupción para controlar gobiernos. Incluso se demostró su implicación en el derrocamiento del presidente Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954 y, ya en este siglo, ha sido condenada en Estados Unidos a pagar una multa de 25 millones de dólares por proporcionar armamento a grupos paramilitares colombianos (7).
Otro capítulo aparte merece la violencia ejercida contra las mujeres activistas que están en primera línea de defensa de la tierra. Honduras se puede presentar como paradigma de esta triste realidad, debido a que tras el golpe de Estado de 2009 se ha intensificado la presencia de empresas extractivas extranjeras dedicadas a megaproyectos. Como consecuencia más del 30% del territorio nacional se ha destinado a concesiones mineras privatizando ríos, territorios y desplazando comunidades. Tal y como señala un informe de varias organizaciones del país presentado a CEDAW (8), 684 mujeres fueron procesadas por luchar por la tierra entre el 2010 y el 2012 y en 2013 la cifra superaba las 700. Además, entre 2012 y 2016 se han registrado al menos 7 defensoras de la tierra asesinadas. Precisamente en Honduras, se asesinó a otra dirigente de la lucha medioambiental el pasado julio (9), Lesbia Yaneth Urquía, pero el asesinato el mismo mes de Gloria Capitán en Filipinas demuestra que no es una realidad local, sino internacional (10).
Por otro lado, el cambio climático no puede ser puesto en duda. El sistema alimentario global depende del petróleo, más aún cuando alarga las cadenas de suministro y aumenta las emisiones de CO2. Y es que los combustibles fósiles se utilizan como materias primas y energía en la producción de fertilizantes, pesticidas y como energía barata en todas las fases de producción y distribución. Es precisamente este consumo desmedido de energías fósiles lo que hace peligrar a la industria alimentaria.
Tal y como ha publicado Grain en su reciente informe, el cambio climático y el acaparamiento de tierras están estrechamente relacionados. Los efectos de este fenómeno afectan a la producción agrícola: escasez de lluvias, alza de temperaturas, incremento de sequías e inundaciones. Si atendemos a que los países empobrecidos tienen una mayor dependencia de los recursos naturales en sus economías, son los que más sufrirán las consecuencias (11).
La insostenibilidad se demuestra, tal y como apunta Norman Church en su artículo, Energía y transporte y el sistema alimentario, si analizamos los procesos de producción de la industria alimentaria. Una investigación del Instituto Sueco de Alimentación y Biotecnología analizó la producción de salsa para tomate y concluyó en que se utilizaron 52 pasos en el transporte y procesamiento, lo que demuestra la fuerte dependencia que el sistema alimentario tiene del transporte internacional.
Esta dependencia de energías finitas hace que en el futuro el sistema alimentario no se sostenga. La alternativa pasaría por fomentar el comercio de proximidad y el desarollo de sistemas locales y regionales de alimentos, preferiblemente de base orgánica. Además, ante el futuro colapso del sistema energético y de transporte basado en el petróleo, cabe pensar en la apuesta por la investigación y uso de energías renovables y limpias, más respetuosas con el medio ambiente y los recursos naturales, que no nos hacen tan dependientes.


Os dejamos algunos materiales para profundizar:
Urgente comunicado por el cierre de Acción Ecológica
Grain - El acaparamiento global de las tierras sigue creciendo (http://www.accionecologica.org/…/a…/2056-2016-12-20-23-42-51)
Mayor protección para las defensoras de los DDHH y medio ambiente (https://www.grain.org/…/5607-el-acaparamiento-global-de-tie…)
Campaña TieRRRa (Empresas Rentables pero Responsables con los Recursos) de Alianza por la solidaridad (http://www.alianzaporlasolidaridad.org/…/reclamamos-una-may…)
Agricultura industrial vs. agricultura ecológica (http://entrepueblos.org/ecomenjad…/castellano/arxius/v2i.pdf)
Cultopías: No dejes el futuro en sus manos (http://www.entrepueblos.org/…/publicationF_51cadc330f12d-no…)
Informe: Empresas energéticas y vulneración de los DDHH (http://omal.info/IMG/pdf/informe_energeticas_y_ddhh.pdf)

En tierra extraña

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